Debemos distinguir dos temas a la hora de hablar de las disfunciones sexuales, por un lado lo estrictamente científico que refiere a una función, en este caso: la capacidad de erección que puede aparecer alterada y que por esto decimos: es una disfunción, y por otro lado lo cultural: el significado que puede llegar a tener a nivel social la disfunción en sí. La disfunción eréctil, tiene una connotación absolutamente negativa. Popularmente se cree que el hombre es más hombre cuanto mayor sea su potencia sexual y el tamaño de su pene. Esta relación entre hombría y potencia sexual se basa en un concepto anticuado y equivocado de la sexualidad, el sexo y el placer, donde el hombre es una especie de máquina de dar placer, y el placer de la mujer depende de la cantidad e intensidad de embestidas que éste pueda llegar acometer.
Esta errónea equiparación entre sexo y penetración hace que se nos plantee difícil imaginarnos una relación sexual donde no exista erección ni penetración, cuando en realidad existen muchísimas formas de dar y recibir placer más allá del coito. Así un hombre que padezca esta disfunción seguramente se sentirá menos hombre y en cierta forma incapacitado para el sexo.
Desde el punto de vista estrictamente científico, la disfunción eréctil se define como la dificultad persistente y recurrente de lograr o mantener una erección de forma que posibilite el coito. Es decir, que podemos hablar de disfunción eréctil cuando no se consigue la erección y cuando se consigue pero esta decae en el momento de la penetración. Es importante diferenciar un episodio aislado de falta de erección -que puede deberse a factores situacionales; como el estrés o el consumo de ciertas drogas-, a una dificultad de conseguir erecciones que perdura a lo largo del tiempo, en donde si podremos hablar de disfunción.
Esta dificultad la puede haber tenido una persona desde el comienzo de su vida sexual "disfunción sexual de carácter primario", o presentarse luego de un tiempo de erecciones normales "disfunción sexual de carácter secundario".
Las causas de la disfunción pueden ser médicas o psicológicas, por lo que se recomienda siempre descartar problemas médicos antes de comenzar a tratarlo desde el punto de vista psicológico.
Desde el punto de vista médico hay que tener en cuenta que ciertas enfermedades como el cáncer, problemas respiratorios y circulatorias pueden causar la impotencia. Algunos medicamentos pueden traer aparejado como efecto secundario la falta de potencia sexual. En cuanto a lo psicológico podemos decir que una de las causas más comunes es la llamada ansiedad sexual. Se vive la relación sexual como un examen en donde la pareja evaluará su desempeño, y esto genera una ansiedad desmedida que impide al hombre conseguir una erección.
Se puede caer también en un círculo vicioso donde un episodio aislado de falta de erección, genera un monto elevado de ansiedad: de que esto se vuelva a repetir y esta ansiedad produce precisamente la repetición.
Otros motivos pueden ser el haber recibido una educación rígida y severa respecto a lo sexual, lo que provoca que el hombre viva la sexualidad con cierto sentimiento de culpa, como algo malo y pecaminoso., y esto le impida relajarse y disfrutar de la relación, provocando la consiguiente dificultad de erección.
Finalmente es preciso destacar que existen tratamientos para las diversas formas de disfunción y aconsejar que se consulte con un especialista antes de emplear / recurrir a dudosos remedios caseros que pueden ser inocuos e incluso peligrosos. |